La reliquia del Sagrado Corazón: comer, creer y compartir, una tradición familiar de Durango

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En Durango, la reliquia no solo es una tradición religiosa, es un acto de comunidad donde la fe se manifiesta con una comida que se comparte. Así, entre rezos, ollas humeantes y puertas abiertas, la casa se transforma en un espacio sagrado donde se reúnen integrantes de la familia, vecinos y memorias. El siguiente artículo explora cómo la cocina, la fe y el compartir forman parte de un mismo ritual que, lejos de desaparecer, aún da sentido a la vida colectiva. La investigación es del Chef Jaime Iram Vargas Barrientos, miembro de la Delegación de Investigación Nacional de Vatel Club México y seleccionado para la Beca Muñoz Zurita 2025.

Fotos cortesía del autor

Hace cuarenta años, mi abuela María del Rosario abrazó la devoción al Sagrado Corazón de Jesús como una forma de agradecer la migración de su familia del campo a la ciudad de Durango. El traslado significó la posibilidad de acceder a mejores oportunidades educativas para sus hijos y construir un futuro distinto al que ofrecían las limitaciones del medio rural. Como expresión de gratitud adoptó una práctica religiosa ampliamente conocida entre los vecinos como la reliquia.

En Durango, la reliquia es una celebración doméstica donde son importantes la oración y el alimento. Consiste en la organización de un rosario en honor a un santo o advocación religiosa, acompañado por una comida comunitaria ofrecida gratuitamente a familiares, vecinos y visitantes. La celebración suele realizarse en las vísperas o en la fecha correspondiente al calendario litúrgico del santo venerado. Aunque existen variaciones regionales, el rasgo común es la ausencia de cualquier intercambio económico, nadie paga por asistir ni por recibir los alimentos. La comida se ofrece como un acto de fe, agradecimiento y servicio a la comunidad.

La transformación de la casa en espacio sagrado

Mis recuerdos de la reliquia comienzan siempre con la transformación de la casa. Un día antes de la celebración, los espacios cotidianos dejaban de funcionar como sala, cochera o comedor para convertirse en escenarios rituales.

En casa de mi abuela era necesario retirar muebles, despejar el centro de la habitación y acondicionar el lugar donde se instalaría el altar. Allí se colocaba una antigua imagen del Sagrado Corazón de Jesús, rodeada por veladoras, flores y diversos elementos decorativos. Recuerdo especialmente las cascadas de tul blanco y las espigas de gladiolas rojas que enmarcaban la figura del santo. Durante la noche previa, las veladoras permanecían encendidas como parte de la velación, generando una atmósfera de recogimiento que contrastaba con la intensa actividad que se desarrollaba en el resto de la vivienda.

La sacralización del espacio doméstico constituye uno de los aspectos más significativos de la reliquia. La casa deja de ser únicamente una residencia familiar para convertirse temporalmente en un lugar de encuentro religioso. Durante unas horas, el ámbito privado se transforma en un espacio abierto a la comunidad.

La organización de la celebración también implica una estructura social claramente definida. En mi familia, como en muchas otras reliquias de Durango, las mujeres ocupaban el papel central. Ellas decidían coordinaban las compras, distribuían tareas y dirigían el trabajo culinario. Durante ese día ejercían una autoridad indiscutible. Madres, abuelas, tías y hermanas encabezaban la organización mientras el resto de los participantes colaboraba siguiendo sus indicaciones.

Cocinar para el santo y para la comunidad

La preparación de los alimentos comienza desde las primeras horas de la mañana. Las dimensiones de la cocina doméstica pronto resultan insuficientes para la cantidad de comida requerida. Por ello, parte del trabajo se traslada al patio, donde se improvisan cocinas temporales con grandes ollas y quemadores adicionales.

En esos espacios se desarrollan jornadas intensas de trabajo colectivo. Mientras algunas personas preparan las sopas, otras se encargan de la carne, el arroz o la distribución de utensilios. La cocina se convierte en un lugar de conversación, cooperación y aprendizaje intergeneracional. Las recetas, las técnicas y los secretos culinarios circulan entre las distintas generaciones de mujeres que participan en la celebración.

El repertorio de guisos poco puede variar entre familias y regiones, siendo que la reliquia suele caracterizarse por la presencia de arroz, un guiso de carne de cerdo en salsa roja y variedad e sopas de pastas secas.

Los guisos de la reliquia

Los alimentos ocupan un lugar central dentro de la celebración. En muchas reliquias del estado de Durango existe una estructura culinaria relativamente estable compuesta por siete variedades de sopa, las cuales se integran de pastas secas de diferente forma, arroz blanco o rojo y un plato caldoso de una variedad de frijoles conocidos como patoles, que se cocinan con embutidos y tornachiles (chiles güeros en escabeche), similar a una fabada. Fideos, conchas, estrellas, letras o espagueti aparecen recurrentemente en los menús familiares. Su presencia responde tanto a criterios prácticos como simbólicos: son preparaciones capaces de alimentar a un gran número de personas y representan la abundancia que se desea compartir con los asistentes.

El platillo principal tradicionalmente consiste en carne de cerdo preparada en salsa de chile rojo conocida como asado. Este guiso, profundamente arraigado en la cocina regional, puede presentarse dulce o salado, picoso o ahumado, dependiendo de las recetas familiares y del gusto local.

Cuando las reliquias se elaboran bajo la advocación de alguna virgen o en temporadas otoñales-decembrinas, el menú cambia y se reparten entre invitados tamales de rojo, champurrado y pan ranchero.

Rezar y comer: la construcción de la comunidad

Hacia las dos de la tarde, la casa se encuentra completamente llena. Vecinos, familiares y amistades ocupan los espacios disponibles alrededor del altar. El calor del verano duranguense obliga a abrir puertas y ventanas mientras los asistentes se abanican durante los rezos.

Los cantos y oraciones son dirigidos generalmente por una mujer experimentada en la conducción del rosario. Durante aproximadamente una hora, los participantes entonan alabanzas, rezan jaculatorias y expresan peticiones al Sagrado Corazón de Jesús. Cuando el rosario concluye, se produce un breve silencio que anuncia el siguiente momento ritual, la comensalidad.

Desde la cocina comienzan a llegar los platos servidos. El ambiente cambia de manera inmediata. Las voces que antes acompañaban las plegarias se transforman en conversaciones, saludos y risas. La reliquia funciona entonces como un mecanismo de reencuentro social. Personas que no se han visto durante meses aprovechan la ocasión para convivir y fortalecer vínculos.

La comida compartida genera una forma particular de comunión. Comer juntos no sólo satisface una necesidad biológica, también reafirma pertenencias, produce confianza y fortalece relaciones sociales. En este sentido, la reliquia constituye una expresión de comensalidad ritual donde la fe y la alimentación forman parte de un mismo proceso.

Al concluir la comida, muchas personas llevan recipientes para recibir porciones adicionales. Las cocineras distribuyen sopas y guisos entre los asistentes, quienes regresan a sus hogares con alimentos bendecidos simbólicamente por haber formado parte de la celebración. La abundancia compartida extiende los efectos del ritual más allá del espacio doméstico donde tuvo lugar.

Por qué se llama reliquia?

La palabra reliquia proviene del latín reliquiae, término que puede traducirse como restos o remanentes. Tradicionalmente, el cristianismo ha utilizado este concepto para designar objetos asociados a personas consideradas santas, especialmente restos corporales como huesos, cabello, sangre o dientes, así como objetos que estuvieron en contacto con ellas.

Sin embargo, el significado del término experimentó transformaciones importantes a lo largo de la historia. Durante la Contrarreforma católica, entre los siglos XVI y XVII, el universo de objetos considerados sagrados se amplió considerablemente. Las imágenes religiosas adquirieron una relevancia creciente como instrumentos de evangelización y devoción.

Diversos estudios han señalado que en la Nueva España el término reliquia comenzó a utilizarse también para designar copias de imágenes milagrosas que habían estado en contacto con los originales venerados en Europa. Con el tiempo, la palabra pudo extenderse a imágenes de culto locales y posteriormente a las celebraciones comunitarias organizadas en torno a ellas.

En el norte de México, particularmente en Zacatecas, Durango y algunas regiones de Coahuila, esta evolución semántica parece haber desembocado en el uso contemporáneo del término para designar tanto el ritual como los alimentos ofrecidos durante la celebración.

Una tradición del norte de México

Aunque el origen exacto de la reliquia continúa siendo objeto de discusión, diversos investigadores coinciden en señalar una fuerte relación con el norte de Zacatecas.

Algunas interpretaciones vinculan la tradición con la difusión de la devoción a San José durante el periodo colonial. Otras sugieren que la práctica se expandió mediante los movimientos migratorios que poblaron amplias regiones del norte mexicano entre los siglos XVIII y XIX.

La migración de familias zacatecanas hacia Durango y Coahuila contribuyó a la circulación de costumbres, devociones y formas particulares de organización comunitaria. Entre ellas se encontraba la reliquia, que logró adaptarse a distintos contextos conservando su estructura fundamental: rezar juntos y compartir alimentos.

Cuatro décadas después de que mi abuela iniciara esta celebración familiar, la reliquia continúa reuniendo a vecinos, familiares y amigos alrededor del Sagrado Corazón de Jesús. Aunque los participantes han cambiado y las dinámicas sociales son distintas, la esencia permanece. Cada año, la comida vuelve a ocupar el centro de la celebración, recordándonos que la alimentación puede ser también una forma de expresar fe, memoria y pertenencia.

En una época marcada por el individualismo y la aceleración de la vida cotidiana, la reliquia mantiene vigente una enseñanza sencilla pero profunda: la comunidad también se construye alrededor de una mesa compartida.

Bibliografía

Corona Páez, S. A. (n. d.). Historia y origen de la ‘Reliquia’ en Torreón. En Historia de la cocina y la gastronomía. Recuperado el 01 de julio de 2025 https://www.historiacocina.com/paises/articulos/mexico/reliquia.htm

Díaz Cayeros, P. (2021, abril 12). Imagen-reliquia o imágenes y reliquias en la Nueva España: Funciones y funcionamientos propios y compartidos. Ponencia presentada en el Congreso Internacional Reliquias y arte entre Europa y América: Historias compartidas a debatir, Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia.

Ruiz Gomar, R. (1993, noviembre). Los santos y su devoción en la Nueva España. Revista de la Universidad de México, (514), 4–9.

Vargas Barrientos, J. I. (2019a). Alimentación y sociedad. La cocina de Durango a través de sus recetarios a mitad del siglo XIX [Tesis de maestría, Universidad Juárez del Estado de Durango].

Vargas Barrientos, J. I. (2026). Comer con los santos. La reliquia en el estado de Durango. Proyecto originado en Beca Ricardo Muñoz Zurita.

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