La Consejería de Turismo de España en México posiciona al país como un destino donde la diversidad se vive integrando cultura, identidad y hospitalidad.
Con motivo del Mes del Orgullo, la Consejería de Turismo de la Embajada de España en México reunió a representantes del sector turístico, medios y líderes de opinión bajo una premisa que trasciende lo discursivo: viajar en libertad también implica habitar la cultura —y la mesa— sin restricciones.
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Bajo el lema “Viajar en libertad: ser quién eres donde quieras”, el encuentro, celebrado en la Residencia del Embajador de España, Juan Duarte Cuadrado, no solo posicionó a España como uno de los destinos más abiertos e inclusivos del mundo, sino que dejó entrever cómo esa apertura se traduce en experiencias concretas en territorios donde la identidad, la tradición y la gastronomía conviven con naturalidad.



En este contexto, la cocina española emerge como un lenguaje silencioso pero contundente de inclusión. Desde las barras de Madrid hasta los mercados costeros del Mediterráneo, la experiencia gastronómica en España no distingue etiquetas, acoge, mezcla y celebra, porque comer, como viajar, se convierte en un acto de libertad.
Durante su intervención, el consejero de Turismo de España en México, José Miguel Machimbarrena, subrayó que el verdadero valor del destino no radica únicamente en su patrimonio o su oferta cultural, sino en la posibilidad de vivir sin restricciones: “España aspira a ofrecer algo tan sencillo y tan profundo como viajar siendo quien eres”.
Más allá de los grandes íconos como Madrid, Barcelona o Sevilla, el mensaje central de la jornada apuntó hacia un fenómeno cada vez más relevante: la España rural e interior como nuevos espacios de hospitalidad y diversidad. En estos territorios, la experiencia gastronómica adquiere otra dimensión, profundamente ligada a la tradición local, donde festividades, productos y recetas también se convierten en escenarios de visibilidad.



Eventos como Los Palomos, Romería Cuir o ArcoÁvila muestran cómo la diversidad no solo se integra en la vida social, sino también en las expresiones culturales y culinarias, generando una narrativa donde la identidad se celebra tanto en la plaza pública como en la mesa compartida.
Así, España consolida un modelo turístico que va más allá del destino al proponer una forma de habitar el viaje. Una donde la libertad no es un concepto abstracto, sino una experiencia tangible que se vive en cada calle, en cada celebración y, también en cada plato.
