Gran Ricardo 2025, la nueva edición de Monte Xanic que lleva en su caja el arte de Eduardo Terrazas

La edición 2025 de Gran Ricardo de Monte Xanic presenta una nueva caja intervenida por el artista mexicano Eduardo Terrazas, figura esencial de la abstracción geométrica. Esta colaboración une arte y enología en una propuesta que resalta la elegancia cromática del vino ícono de la bodega. Con una perfecta intersección entre color, estructura y tradición, Terrazas aporta a Gran Ricardo una lectura visual que enriquece la experiencia del vino mexicano de alta gama. Para la sexta edición del proyecto Arte Gran Ricardo, Monte Xanic convocó a Eduardo Terrazas, cuya trayectoria de más de cinco décadas ha construido un lenguaje visual basado en sistemas, estructuras y relaciones entre forma, pensamiento y percepción. Aquí, el artista retoma la subserie Diagonales -parte de su serie Posibilidades de una estructura, desarrollada desde los años setenta- para crear dos composiciones inéditas inspiradas en la paleta cromática de las cinco uvas que integran Gran Ricardo tinto: Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc, Petit Verdot y Malbec. Las líneas paralelas y entrecruzadas que caracterizan su obra evocan encuentros, correspondencias y tensiones que, en este caso, dialogan con la sutileza de la enología: la precisión del ensamble, los tiempos de crianza y las decisiones que construyen un vino complejo. El resultado es una caja que celebra la riqueza sensorial del vino y la investigación estética del artista, un gesto donde geometría, color y oficio convergen en una lectura delicada y coherente con la identidad de Gran Ricardo. Durante su presentación en Proyectos Monclova Gallerý , Terrazas indicó que durante su visita al viñedo de Monte Xanic encontró en la gama de colores del vino una nueva puerta para explorar su propio sistema visual. “Aquí tenemos bastantes rayas, y nosotros estamos en el centro, la tierra está en el centro, y esta estructura de la esfera celeste, las cuatro fuerzas y el planeta tierra constituye la estructura cosmos y de ese cosmos salieron muchas otras posibilidades de una estructura como la de las diagonales que es la que utilicé en la Caja Monte Xanic, que están basadas en las líneas originales. “Estas diagonales son las que constituyen todas las diagonales que existen y se convierten en algo, y cuando llegué a Monte Xanic dije ‘mira esas diagonales, no me había dado cuenta de la relación con los colores de los vinos, y en Monte Xanic me explicaron que Gran Ricardo tiene cinco variedades de vino, y esas variedades tienen cinco colores, y me los mostraron… eso me traje del viaje a Valle de Gudadalupe, donde me hicieron ver la sutileza que hay en la variación de las uvas y los colores. Aquí está puesto el universo, el cosmos, porque lo que nos hace falta es encontrar que todo esto -señala su diseño-, no solo son colores, sino los colores en armonía producen belleza y esa belleza es la que hemos olvidado, que hay belleza en el mundo, porque ahora todas las cosas son…” (hace un gesto de grito, de enfado). Su declaración ilumina el espíritu del proyecto, el color como un puente entre la experiencia sensorial del vino y una visión del mundo que recupera la belleza como forma de equilibrio. Arte Gran Ricardo: una plataforma para mirar el vino desde el arte Desde 2019, Monte Xanic ha invitado a artistas a desarrollar una caja de edición especial para Gran Ricardo. Cada proyecto parte de un acercamiento al viñedo y una reflexión sobre el proceso enológico. Han participado Pablo Vargas Lugo, Sofía Táboas, Jorge Méndez Blake, Livia Corona y Magali Lara. En 2025, la obra de Eduardo Terrazas suma una perspectiva donde la geometría y el oficio artesanal amplían la relación entre vino y lenguaje visual. La serie se ha consolidado como un espacio que celebra el rigor del vino y la investigación artística: el tiempo de crianza, la precisión del ensamble, la paciencia del taller y la relación con el territorio se traducen en una pieza que acompaña la experiencia de abrir, servir y compartir un vino de alta gama. Un vino que dialoga con el arte Gran Ricardo es uno de los grandes vinos de México y una de las etiquetas más representativas de Monte Xanic. Su presencia en esta plataforma reafirma la búsqueda de excelencia y la convicción de que el vino puede ser también un territorio simbólico donde convergen la sensibilidad artística y la maestría enológica. Con esta edición, Monte Xanic y Eduardo Terrazas proponen una mirada que invita a observar el vino desde su estructura interna: la armonía de sus componentes, la profundidad de sus colores y la belleza que emerge cuando cada elemento encuentra su lugar. Una caja que, como el vino que resguarda, celebra la precisión, la sutileza y la posibilidad de que el arte nos permita ver —y saborear— el mundo de otra manera.
El chef Ricardo Muñoz Zurita celebra su trayectoria gastronómica con una noche con tradición y Champagne

Hace 40 años que el chef Ricardo Muñoz Zurita comenzó a explorar los aromas, los sabores y los colores de la gastronomía mexicana de manera profesional, pero desde niño fue un curioso imparable, dispuesto a descubrirlo todo, a saborearlo todo, y a compartirlo todo, porque más que un chef, Ricardo Muñoz Zurita es un mentor, un investigador, un hombre honesto que siempre está dispuesto a hacer más por la gran herencia culinaria que tiene México y todas sus regiones, y para celebrarlo, el chef veracruzano ofreció una cena para sus amigos con un invitado muy especial, el champagne Taittinger, que también está de plácemes por su larga vida. Con la arquitectura colonial del restaurante Azulísimo como escenario, el chef Ricardo Muñoz Zurita celebró su trayectoria gastronómica, toda una vida dedicada al estudio, la investigación y la preparación de la cocina tradicional de nuestro país. Este festejo se dio como un encuentro entre amigos, quienes disfrutaron de la tradición, la técnica y un maridaje que destacó la armonía entre la cocina mexicana y el champagne. Alrededor de cada una de las mesas del Azulisimo, el más joven de sus restaurantes -ubicado en la calle de Venustiano Carranza, en el Centro Histórico-, colegas, amigos y colaboradores del chef, fueron testigos de un menú s}muy particular, un menú hecho con retazos de memoria, pero sobre todo, con mucho conocimiento, investigación y técnica. Fue un menú significativo en la que el chef agradeció a los asistentes y reconoció la colaboración cercana con la marca Taittinger. Zurita indicó que la cena fue especial por varios detalles, por primera vez hizo un par de fusiones, cosa que nunca hace, porque es muy estricto con la cocina tradicional, pero señaló que “también tengo muchos amores y un gran amor es Francia, otro gran amor es Italia y otro es China, y la verdad es que esto no es un cliché ni nada, todo el que me conoce sabe que tengo una fascinación por el champagne, porque yo todo lo maridaría con champagne, porque le va muy bien a la comida mexicana, y esa es la gran razón por la cual toda esta cena es con champagne, pero la otra verdad es que tengo un cómplice, Clement Wiar, Export Manager LATAM Taittinger, quien participó en la planeación del menú. El recorrido culinario constó de cinco tiempos, cada uno vinculado con recuerdos personales y sabores que han marcado la vida del chef. La cena inició con un chile jalapeño relleno de minilla de atún acompañado por Prélude Grands Crus. Continuó con un foie gras con pera y manchamanteles servido con Brut Réserve. Después llegó el arroz gomoso, un plato con técnicas asiáticas que el chef admira, acompañado con Prestige Rosé. El plato fuerte fue un chichilo negro con filete de res, armonizado con Comtes de Champagne Grands Crus Blanc de Blancs. Para cerrar, un tamalito de chocolate con salsa de vainilla acompañado nuevamente por Prestige Rosé. Cada plato tuvo su porqué -su historia y su memoria-, y fue detallado por el chef entre cada tiempo, lo que le añadió un toque especial a cada sabor. Antes de concluir la cena, Muñoz Zurita agradeció a los asistentes y destacó el trabajo de su equipo de cocineros, a quienes describió como pilares fundamentales en la creación y ejecución de cada platillo. Subrayó que detrás de cada preparación hay horas de estudio, técnica y una profunda devoción por preservar la esencia de la cocina mexicana. Azul Restaurantes cuenta con una trayectoria que inició a finales de los años noventa con Azul y Oro. Más tarde llegaron Azul Condesa, en 2010; Azul Histórico, en 2012; y, recientemente, Azulísimo, en 2023. En todos ellos, el chef ha mantenido como eje central la recuperación y preservación de recetas tradicionales, muchas de ellas compartidas por cocineras de distintas regiones del país, entre ellas el emblemático chichilo negro. La celebración en Azulísimo reafirmó la vigencia de una cocina que honra su origen y continúa evolucionando gracias a su profundidad histórica, su solidez técnica y su capacidad de conmover. Fue, en palabras del propio chef, una noche para recordar y un homenaje a los sabores que lo han acompañado toda la vida.
La Cabrera, encuentro directo con la parrilla argentina

A tres meses de su apertura en la colonia Roma, La Cabrera promete replicar el éxito de Polanco, por lo pronto ya se ha convertido en uno de los restaurantes imperdibles de la colonia Roma. Su propuesta, creada por el chef Gastón Riveira y respaldada en México por el chef Marcelino Castro, ofrece cortes de carne certificados, una experiencia cuidada y una manera de entender la parrilla que ha logrado destacar entre las mejores opciones de carne en CDMX. La Cabrera nació en Buenos Aires, bajo la mirada de Gastón Riveira, un cocinero que ha llevado su forma de entender la carne a distintas ciudades del mundo. En su cocina no hay adornos innecesarios, ni pretensiones, la experiencia gira alrededor de la carne, de su origen y de la mano que la trabaja. Los cortes llegan a la mesa con un manejo preciso, no destacan por exuberancia, sino por su cocción perfecta, la textura esperada y la temperatura exacta. La Cabrera transmite una manera de comer y de convivir que pertenece a una cultura y, al mismo tiempo, se adapta a cada ciudad que lo recibe, y es que la cocina es una experiencia personal en la que no solo intervienen producto y técnica, sino también memoria, preferencias y las emociones asociadas a un sabor. Al cruzar la puerta del restaurante el comensal se encuentra con un personal capacitado, dispuesto y y preparado para que este viva una grata experiencia, y no solo por lo que come, sino también por el trato que recibe. A uno se le hace sentir como en casa, entre amigos, desde la persona que recibe al cliente en la puerta hasta el último eslabón de esta cadena, todo funciona como engranaje de reloj suizo, y es que para Riveira, su concepto restaurantero se sostiene en tres pilares: menú, ambiente y servicio, y el resultado es el éxito. En la mesa, bien montada, comienzan a llegar los complementos, pero antes de los cortes, llegan las famosas empanadas argentinas, de carne y humita, el chorizo criollo de Rueda y un provoleta que se derrite sin esfuerzo. Cada bocado abre la puerta a lo que viene después. La ensalada mixta mantiene el equilibrio, aunque la mirada inevitablemente regresa a la parrilla. El bife angosto llega en el término solicitado, sin alardes, sin exceso, solo lo que debe ser. Ese momento ayudó a entender por qué el proyecto de Riveira se ha expandido desde 2002 y por qué ha recibido reconocimientos en listas internacionales. En México, este trabajo lo sostiene el chef Marcelino Castro, quien logra que la propuesta mantenga su identidad sin sentirse ajena. La mesa se completa con los complementos que llegan poco a poco, conservas, purés, salsas, guarniciones, que no le quitan protagonismo a la carne, la acompañan, igual que el vino. En mi visita confirmé que La Cabrera ofrece una experiencia que se construye en el detalle, en la constancia y en una idea clara de lo que significa una parrilla. No intenta impresionar. Salir del restaurante dejó la sensación de haber conocido un lugar que respira su origen y lo comparte sin estridencias. Una casa de carnes que entiende que la tradición se sostiene en la honestidad del trabajo bien hecho. La Cabrera honra la tradición, pero también la reinterpreta desde una sensibilidad moderna. El respeto absoluto por el producto convive con un servicio cercano y preciso, que invita a prolongar la sobremesa y a vivir el asado como lo que es en Argentina: una celebración. Gastón Riveira Cocinero argentino, formado en Buenos Aires y en reconocidas escuelas de gastronomía europeas, Gastón Riveira es el creador del concepto La Cabrera: una Casa de Carnes donde la parrilla argentina se vive con calidad, calidez y un estilo propio. Desde 2002, ha llevado su propuesta a más de 20 ciudades del mundo, combinando cortes seleccionados, presentación cuidada y un servicio que pone al comensal en el centro. Reconocido en rankings como Latin America’s 50 Best Restaurants y World’s Best Steak Restaurants, en 2024 fue nombrado Embajador de la Marca País Argentina por su aporte a la cocina nacional.
Thierry Blouet celebra 35 años de Café des Artistes con un libro aniversario y una serie de eventos exclusivos

En diciembre, Café des Artistes de Puerto Vallarta cumple 35 años y su fundador, el chef Thierry Blouet, lo festejará con una agenda especial que incluye catas, cenas especiales y el lanzamiento del libro La Cocina del Artista, que reúne su historia, su visión artística y la evolución de sus restaurantes. El cierre de año tiene un significado especial para el chef Thierry Blouet, porque Café des Artistes, su buque insignia en Puerto Vallarta, cumple 35 años y para celebrarlo ha preparado una serie de experiencias que reflejan su estilo, con grandes festejos, cultura gastronómica y una visión profundamente artística de la cocina. “En este mes de diciembre cumplimos 35 aniversario y para eso tenemos el gran cóctel show con cantantes de ópera para el 17 de diciembre”, señala el chef, y añade que será un evento para unas 400 personas, con el espíritu de aquellas fiestas emblemáticas que él organizaba en los aniversarios del restaurante. “Serán fiestas como las que hacía yo antes… ahora lo hago pero cada cinco años, el gran evento”. Las celebraciones comenzarán el 13 de diciembre con Burbujas y Caviar, será una experiencia para 40 personas dedicada a la degustación de diferentes variedades de caviar, más de 10 champañas y tapas especialmente creadas para acompañar. Para quienes no se inclinan por las burbujas, también habrá vodka, indica el chef. El 16 de diciembre se llevará a cabo la Cata Millonaria, un encuentro íntimo para solo diez asistentes. “Esta cata consta de que vamos a comprar cien mil pesos en vino, solo botellas de alta gama… serán botellas muy especiales, y yo voy a preparar algunos platos para comer en la cata”, detalla. El acceso tendrá un costo de diez mil pesos y se degustarán solo etiquetas excepcionales. El cierre llegará el 17 de diciembre con el gran cóctel show acompañado por cantantes de ópera, la celebración central del aniversario. La Cocina del Artista, un libro que celebra una vida dedicada al arte y a la cocina Además de los festejos gastronómicos, diciembre será el mes del lanzamiento de su libro “La Cocinad del Artista” —con fotografía de Nacho Urquiza— que reúne más de tres décadas de trayectoria, tanto personal como profesional. “A mí me encantan los libros, es bonito verlo en la pantalla, pero es mejor la experiencia de tocarlo, abrirlo, sentirlo”, afirma Blouet. La obra presenta los cinco conceptos que integran su universo culinario: Café des Artistes (35 años) Tuna Blanca (18 años) Café des Artistes Los Cabos (10 años) La Casa (1 año) La Casa de Artiste Zacatecas, un espacio de 350 años de antigüedad donde cocina para amigos y crea menús en colaboración, como si fuera una familia extendida. El libro también aborda el Festival Gourmet Internacional, que este año celebró tres décadas: “Es el más longevo y el que más aporta en cuestión de localidades, porque los chefs invitados no vienen a cocinar un día, sino nueve días”. Este 2025 participaron 27 restaurantes, cada uno con un chef invitado, además de múltiples eventos paralelos. Otra sección está dedicada al Trofeo Thierry Blouet, su concurso para jóvenes talentos mexicanos, que cumplirá 20 años y que en la próxima edición contará con cinco sedes: Zacatecas, Morelia, Guadalajara, Ciudad de México —en colaboración con la cena Vatel y la final en Le Cordon Bleu—, y Puerto Vallarta, donde habrá un Black Box sorpresa para los ganadores. Foto https://www.cafedesartistes.com Un recorrido artístico por sus restaurantes La selección de fotografías fue uno de los retos más complejos del proyecto, el chef Thierry quería incluir imágenes de todos sus conceptos sin repetirse, y explica que el título del libro surgió de su propia forma de mirar el mundo, “yo veo la vida de una forma artística… me encanta el arte, la gastronomía, me encanta el diseño. Entonces me considero artista y también me gusta ver la vida de una forma artística”. El volumen incluye textos de 15 chefs, recetas significativas de cada restaurante y un capítulo final dedicado al maridaje, no desde el vino, sino desde el diseño, y destaca su colaboración de 25 años con Despacho 314, con el que ha desarrollado todos sus conceptos arquitectónicos y estéticos. La portada está ilustrada con un plato emblemático, un aguachile de maíz fermentado, de apariencia casi vegetal, como un jardín marino, el cual nació en Los Cabos y ahora se incorporará al nuevo menú de Café des Artistes a partir del 10 de diciembre, como parte de la renovación por el aniversario.
Suri Guzmán lleva la cocina zoque a París, un encuentro gastronómico y cultural impulsado por Marianne México

La cocinera tradicional chiapaneca Suri Guzmán viajó a Francia como ganadora de la convocatoria de la Asociación Marianne México. Su presencia en París consolidó un intercambio culinario que incluyó una cena colaborativa, una demostración de cocina zoque y encuentros con la comunidad mexicana y figuras de la gastronomía. La más reciente edición de la convocatoria de la Asociación Marianne México, enfocada en reconocer a una nueva generación de cocineras tradicionales, llevó a Suri Guzmán, originaria de Chiapas, a cruzar fronteras y presentar en Francia la riqueza de la cocina zoque. Tras superar las distintas etapas del concurso y obtener el primer lugar, su premio fue un viaje de intercambio gastronómico y cultural que hoy marca un precedente para su trayectoria. La chef Ileana Gómez, directora académica de Le Cordon Bleu México, y una de las grandes impulsoras de esta convocatoría, acompaña a Suri en este viaje, el cual comenzó con una cena conjunta entre Guzmán y Mercedes Ahumada, cocinera tradicional radicada en París y propietaria del restaurante Chicahualco, ubicado en el distrito 17. “Este encuentro fue memorable, porque reunió sabores y visiones de dos territorios unidos por una misma raíz culinaria”, dice la chef Ileana en entrevista telefónica desde París. El segundo evento, indica Ileana, fue igualmente significativo, fue una demostración en la que Suri presentó al público francés el proceso de elaboración de tamales de chipilín y de la sopa de chipilín con chochoyotes -bolitas de masa-. La sesión reunió a miembros de la comunidad mexicana, así como a representantes de la Embajada de México, entre ellos Daniel Tirado y Luis Anaya. También asistieron estudiantes y curiosos de la cocina mexicana. “Yo estuve a cargo de la traducción, y la demostración se desarrolló en un ambiente cercano y participativo, mostrando el carácter cálido que distingue a las cocineras tradicionales”, comenta la chef Ileana. Aunque la agenda es breve, ha habido tiempo para recorrer algunos espacios emblemáticos de la vida cultural parisina, una experiencia que ha enriquecido aún más la visita. Además, en este viaje también pudieron tener un encuentro con el chef Guy Santoro, quien recientemente galardonado en la entrega de premios de La Liste.
Gastronauta en México, un viaje por las cocinas de resistencia

En un momento en el que la gastronomía mexicana vive entre el brillo de la alta cocina y los retos del campo, Federico Mastrogiovanni, periodista y documentalista de origen italiano, presenta “Gastronauta en México”, un libro que muestra el corazón culinario del país. Publicado por Grijalbo, esta obra mezcla la crónica, el ensayo gastronómico y el periodismo narrativo para mostrar una cocina de resistencia, aquella que es herencia de campesinos, cocineras tradicionales y comunidades que defienden su territorio, su cultura y su identidad a través de los alimentos. Se trata de un texto ideal para quienes buscan entender la gastronomía desde su raíz, su lucha y su memoria colectiva. En un momento en el que la comida se ha convertido en protagonista de tendencias efímeras de redes sociales o de consumo rápido, el periodista y escritor Federico Mastrogiovanni va a la raíz y entiende la cocina como un territorio de memoria, identidad y resistencia. En su libro “Gastronauta en México (Grijalbo, 2025), nos ofrece un recorrido -íntimo, periodístico y humano- por las cocinas de resistencia. El relato que dio inicio a este trabajo editorial tiene un origen sencillo, unos tacos al pastor, que fue lo primero que Federico comió al llegar a este país, invitado por una amiga que lo recibió en aquel entonces. Esos tacos marcaron el inicio de una relación que pronto se expandiría por los mercados, los comedores populares y muchas comunidades del país. Su segundo gran encuentro con la cocina fue en Oaxaca, donde descubrió -entre chapulines, moles, comales y calles que olían a maíz y leña-, que la comida podía contar historias. “Fue maravilloso explorar estos sabores. No recuerdo cuál fue mi reacción a cada platillo, pero si me acuerdo que comí con mucho entusiasmo, iba con un amigo y nos comimos todo lo que encontramos, bueno, lo que daba para nuestros bolsillos, porque tampoco teníamos mucho dinero, pero siempre yo he comido en la calle, en lugares populares, comida corrida”, recuerda. Cocinas que abren el corazón Lo que distingue el trabajo del autor es la intimidad que construye con las cocineras y comunidades que visita. “Entrar a una cocina es compartir secretos, pero también partes íntimas de la vida”, explica. Las historias que se cuentan en el libro son el resultado de un año de trabajo, pero es verdad que es el resultado de tantos años viviendo y trabajando aquí, y lo describiría que cada vez más me gusta meterme en las entrañas, en las tripas de este país, porque todavía no lo entiendo, más bien, todavía me queda mucho que entender, y ayer estaba haciendo otro trabajo para otro libro y en una zona de México que no conocía, la sierra de Hidalgo, la huasteca, y cada vez es un descubrimiento, pero veo que me gusta hacer un trabajo más lento y más a profundidad, y llegar a entender cada vez más, pero sin la prisa del periodismo que siempre tenemos los periodistas, y eso lo he mantenido. Algunas cocineras hacen el reclamo de que se les utiliza como un producto del folclor, pero que no se les da el valor que realmente merecen ¿qué opinas, cómo lo ves desde tu perspectiva? -Te voy a responder pero de lo que pasa en mi país (Italia), donde hay chefs, cocineros, donde se construye una discusión muy potente alrededor de la comida, de la cocina tradicional y de la importancia que tienen, y luego eso no corresponde a un real interés sino a más bien a un uso que se hace de la cocina como un elemento de atracción turística, de atracción de fondos. Yo creo que este es un tema generalizado en varios países donde la cocina tiene una importancia central, porque no todo el mundo, como en nuestros países, México e Italia, la cocina tiene tanta importancia, entonces, yo creo que esto es una lucha se tiene que mantener y desde las cocinas, mantener claro cuál es el punto, porque es verdad que la cocina tradicional es utilizada, pero muchas veces también es utilizada por los mismos cocineros que de alguna manera se dejan influenciar por ilusiones, por la fama, y se nos olvida el elemento profundo, y lo digo porque estos días estuve con una comunidad otomí y el sentido comunitario de la cocina se vierte en búsqueda de fama, de reconocimiento, cuando en realidad, el único reconocimiento que para mí es importante es el de los comensales, el de la familia o el de la comunidad que está compartiendo; tampoco creo que se tenga que hacer una lucha hacía afuera, más bien debe ser una lucha hacia dentro para mantenernos coherentes con nuestros principios en la cocina ¿para quién estamos cocinando, para el turistas o para nuestra familia? ¿para salir en la televisión o para nuestros seres queridos? ¿qué es cocinar, es hacer ver o es cuidar? porque para mí es cuidar. ¿En este libro que encontrará el lector? -Relatos de resistencia, porque cada uno, a su manera, representa algún tipo de resistencia, diferente, un tipo de resistencia.. puede ser al olvido, o un tipo de resistencia política, pero yo creo que no tenemos que desconectar las cosas. Vivimos en un contexto en el que la cocina, la comida casi casi se abstrae de su contexto y lleg a niveles de incomprensión, y yo tengo que saber por qué un platillo se hace de una manera en un lugar y de otra manera en otro lugar y qué significado tiene, cuál es la importancia que este platillo tiene en determinada comunidad o familia, y creo que es importante seguir haciendo este tipo de periodismo, en el que se explora y se intenta ir un poco más allá. En mi libro hay diferentes géneros periodísticos y diferentes fuentes consultadas, podría ser una fuente cultural cuando hablo del dramaturgo en Tampico, otra puede ser nota roja si hablo de la lucha comunitaria en Michoacán, pero el punto es que necesitamos juntar categorías diferentes y cruzar géneros periodísticos en lugar de super especializarnos
México certifica su cocina en el mundo, la Academia anuncia el Distintivo M en cena dedicada a Sor Juana

El Club de Industriales fue el escenario donde la Academia Mexicana de Gastronomía y la Secretaría de Relaciones Exteriores formalizaron el Distintivo M, la nueva certificación internacional para restaurantes de cocina mexicana. La firma se enmarcó en una cena dedicada a Sor Juana Inés de la Cruz, figura clave de la tradición culinaria novohispana. Hay noches en las que la gastronomía se convierte en una forma de diálogo con la historia. No para repetirla, sino para iluminarla desde el presente. Así ocurrió en el Salón del Club de Industriales, donde la Academia Mexicana de Gastronomía ofreció una cena dedicada al legado culinario de Sor Juana Inés de la Cruz, una mujer que entendió la fuerza simbólica del alimento, su vínculo con el conocimiento y la identidad. El encuentro tuvo un propósito mayor, la firma del convenio entre la Academia Mexicana de Gastronomía y la Secretaría de Relaciones Exteriores para promover el Distintivo M, un sello que certificará, a través de embajadas y consulados, la autenticidad y calidad de los restaurantes que ofrecen cocina mexicana en cualquier parte del mundo. Ingredientes, recetas, técnicas y rigor culinario serán los criterios que sostengan este emblema, concebido para salvaguardar y proyectar nuestra gastronomía en escenarios internacionales. Antes de iniciar la cena, Luis Téllez, actual presidente del Club de Industriales, dio la bienvenida a los invitados y revisó brevemente la historia de este espacio fundado en 1958 por un grupo de empresarios e industriales que buscaban un lugar de encuentro y trabajo. Recordó también que, desde sus primeras décadas, la cocina mexicana ha tenido un lugar privilegiado en sus fogones. En 1972, incluso, el Club publicó México, en la cocina del Club de Industriales, un libro que hoy muchos consideran una pieza invaluable. Téllez evocó la gestación de la Academia Mexicana de Gastronomía en 1999 —bajo la presidencia de don José Carral y la participación de don Antonio Ariza, don Gilberto Borja, don Carlos Abedrop y Juan Martínez Doria— y reconoció el trabajo de quienes han dirigido la institución: desde Antonio Ariza y Juan Martínez Doria, hasta Lourdes Ascencio, Laura Barrenechea de Caraza, Alfonso de Robina y Gabriel Cárdenas, actual presidente, cuyo impulso permitió concretar este acuerdo. Además, destacó el trabajo de la chef ejecutiva del Club, Isabella Dorantes, cuya precisión y sensibilidad sustentan la calidad diaria de la cocina del recinto. El agradecimiento se extendió a Rafael Tovar López Portillo, rector del Claustro de Sor Juana, presente en la velada. Por su parte, Gabriel Cárdenas destacó el impacto que el Distintivo M tendrá en la promoción mundial de la cocina mexicana. Luego, el Coro Virreinal irrumpió con un breve programa musical que envolvió la noche en una atmósfera ceremonial. El menú: un puente entre épocas La cena de cinco tiempos consistió en Budín de Espinacas (un clásico de Sor Juana), acompañado por vino blanco de Casa Madero; Consome de Res al Jérez con chochoyotes; Manchamanteles de Chamorro de Cerdo, acompañado de vino tinto de Casa Madero; Mousse de Rompope con bizcocho de tres leches, seguido de un plato de dulces virreinales. Sor Juana: palabra, pensamiento y sazón Más allá del homenaje gastronómico, la noche recuperó la figura de Sor Juana Inés de la Cruz como una de las voces fundamentales del barroco en lengua española. Poeta, filósofa y monja jerónima, su obra es testimonio del deseo insaciable de saber y del espíritu crítico del criollismo novohispano. Su recetario, menos difundido que su poesía, revela otra faceta de su inteligencia: el entendimiento del alimento como lenguaje y como acto de creación. La cena en el Club de Industriales no solo recordó sus recetas, recuperó la idea de que cocinar también es pensar, y que la cocina mexicana contemporánea sigue dialogando con esa herencia. Una mesa donde historia, sabor y memoria se entrelazan para celebrar lo que somos.
Chef Summit 2025: el festival gastronómico que reúne a grandes chefs en Pachuca

Pachuca es un gran punto de encuentro para la gastronomía, y así quedó confirmado en la tercera edición del Chef Summit 2025, un festival impulsado por USA Rice y el chef Aquiles Chávez, en colaboración con US Meat, Ánfora, el equipo de Sotero, y la participación de destacados chefs que demuestran su pasión en cada plato compartido. Pachuca es una ciudad con mucha historia minera, con un ritmo tranquilo que invita al disfrute, y con una riqueza cultural que se manifiesta en su música, sus bailes, su gastronomía y sus museos, además se caracteriza por su gran hospitalidad, por lo que esta ciudad es el marco perfecto para reunir a chefs, prensa especializada, patrocinadores y todo aquello que hoy marca tendencia en la cocina mexicana. El inicio de este summit fue en Sotero, con un desayuno tradicional lleno de sabores locales. El siguiente punto fueron las instalaciones de Ánfora, que este año estrenó un espacio museográfico dedicado a su historia. Así, entre piezas de cerámica y ediciones de vajillas especiales, como la que hicieron para la película Titanic, los asistentes conocimos la historia de esta fábrica. La convocatoria de este Summit reunió a destaacados chefs de la escena gastronómica nacional, como Lula Martín del Campo (Marea y Cascabel), Marcelino Castro (La Cabrera), Issho Sonoda (cocina japonesa en México), y Macarena Laris y Elena López (La Macaria), además del propio Aquiles Chávez, anfitrión del proyecto desde su primera edición, y quien también participó en la preparación de un plato, ya que cada uno de los chefs presentó un platillo que incluyó a uno de los productos estrellas de este evento, el arroz USA Rice, con diferente técnica y estilo. Cada preparación culinaria permitió observar de cerca las técnicas de cada uno de los chefs y el estilo de su gastronomía. Lula Martín del Campo presentó un Tamal de arroz con mole de tamarindo; Issho Sonoda preparó arroz con sardina frita y daikon, y Aquiles Chávez elaboró Dolmas de arroz americano con lengua de res en barbacoa de cordero, preparados con arroz parbolizado. Por su parte, Marcelino Castro sirvió un arroz poblano cremoso con elote amarillo y rib eye, mientras que Macarena Laris y Elena López mostraron el potencial dulce del ingrediente con una tarta de arroz que combinó harina de arroz, almidón cocido en leche y arroz inflado. El festival también integró propuestas de mixología. La bartender Leslie Hernández integró el arroz en fermentos, horchatas y jarabes para bebidas como Axahue, Xandú y Bzeh, en un guiño a los sabores tradicionales reinterpretados desde la barra. Las tradiciones hidalguenses estuvieron presentes no sólo en la cocina, sino también a través d ella música a cargo de la Compañía de Danza Folklórica Tenábris, que recordó la fuerza cultural del estado a través del guapango. La tercera edición del Chef Summit 2025 confirma el compromiso de USA Rice, US Meat, Ánfora y Aquiles Chávez por promover el conocimiento culinario y destacar la presencia del arroz americano en la cocina mexicana. Pachuca, con su mezcla de tradición, técnica y calidez, refrendó que es un territorio fértil para encuentros donde la gastronomía se comparte, se piensa y se celebra.
Vinos japoneses, nueva ruta sensorial en la mesa mexicana

Los vinos japoneses comienzan a llegar a las mesas mexicanas, y su perfil limpio, preciso y con mucha sutileza, los convierte en una propuesta sorprendente para el maridaje con la cocina mexicana. En una cena especial diseñada por la chef Lula Martín del Campo y guiada por la sommelier Angélica Atristain, los comensales descubrieron por primera vez en nuestro país una selección de vinos japoneses elaborados con uvas como Koshu y Muscat Bailey A, dos emblemas de la vinicultura nipona. Esta experiencia gastronómica, pensada para explorar nuevos sabores, técnicas y armonías, mostró cómo Japón, con más de 300 años cultivando uvas y 150 años haciendo vino, puede maridar muy bien con la intensidad, frescura y riqueza de los ingredientes mexicanos. Imagen de portada: MasterTux-en-Pixabay.jp Los vinos japoneses comienzan a encontrar su espacio en la mesa mexicana, no desde la extravagancia ni desde la moda pasajera, sino desde un ángulo sutil entre dos culturas que buscan, cada una a su manera, honrar el origen. En este encuentro, organizado en torno a un menú especial de la chef Lula Martín del Campo, la sommelier Angélica Atristain compartió su interés por acercar al público mexicano los sabores del Sol Naciente y las historias que acompañan a sus botellas. Una propuesta que no pretende impresionar por exceso, sino seducir desde el detalle. La chef Lula Martín del Campo lo resume con claridad: “los japoneses tienen ese toque de la cocina minimalista, del menos es más; los mexicanos somos muy barrocos, muy surrealistas, demasiado alegres, y por eso hoy vamos a maridar cuatro excelentes vinos japoneses con platos mexicanos”. Bajo esa premisa, la cena se convirtió en un ejercicio de contraste y armonía, donde platos de raíces locales encontraron en los vinos nipones un contrapunto inesperado. El recorrido inició con Fujiclair GinzaKoshu 2023, un vino de perfil limpio y delicado, que se maridó con un taco suave de jaiba acompañada de aderezo miso y pepino encurtido. El Koshu, variedad emblemática de Japón, aportó frescura y tensión para sostener la sutileza del plato sin opacarlo. Le siguió el Chateau Honjyo Koshu Naranja Tokiwa-Ni-Moyuru 2024, un vino elaborado mediante una maceración con hollejos de 13 días y una crianza parcial en barrica usada. Sus aromas a manzana roja caramelizada, fresa y cereza, con ese fondo umami que es casi firma de la casa, encontraron un espejo poderoso en los Camarones Mariposa con esquites ancestrales de maíces criollos. En boca, las especias dulces y la estructura firme (5.9 g/L de frescura) acompañaron con soltura la untuosidad del plato. El tercer tiempo presentó Fujiclair Hayabusayama Rosé 2023, servido junto con cerdo en cocción lenta con adobo, ensalada verde y jocoque para taquear. El rosado, ligero y frutal, actuó como un puente entre la acidez del jocoque y la profundidad del adobo, refrescando sin borrar matices. La velada cerró con un vino que destacó tanto por su historia como por su carácter: Lumiere Ishigura Muscat Bailey A, maridado con albóndigas de res en caldillo con chile ahumado y calabacitas. Este tinto proviene de los históricos depósitos de granito “Ishigura”, construidos en 1901 y declarados patrimonio cultural japonés. Su estilo perfumado, con notas de fresa, jengibre encurtido y frutos rojos, ofreció una lectura distinta de la fruta, más luminosa que intensa, ideal para acompañar un plato casero llevado a una versión refinada. Angélica Atristain, sommelier y guía de la experiencia, compartió con los comensales la historia personal que la llevó a descubrir el vino japonés: “Mi mamá es diseñadora floral y la invitaron a una cena en Japón… yo la acompañé. En Japón me pregunté qué hacer, y desde entonces ya tengo cuatro viajes a ese país. En estos viajes pude conocer el vino japonés. Japón lleva 300 años cultivando uvas y 150 años haciendo vinos, y no lo sabíamos. Teníamos que ir a Japón a conocerlo. La experiencia de los vinos de Japón es fascinante”. La cena, presentada por primera vez en México, no solo mostró botellas poco conocidas en nuestro país, sino que abrió una ventana hacia una tradición vinícola longeva que no está dentro de nuestro radar occidental. Fue, en esencia, una noche de descubrimientos gracias a la colaboración de la chef Lula, entregándonos en cada plato los sabores de México, y Japón desde sus vinos, y una sommelier decidida a tender puentes entre ambos mundos.
Cocinar con raíces, Olga Cabrera y su camino en la gastronomía mexicana

En la Mixteca oaxaqueña, entre el humo del comal y el aroma del pan recién horneado, se teje la historia de Olga Cabrera, una mujer que ha convertido la cocina en un acto de resistencia y comunidad. Fundadora del restaurante Tierra del Sol, Cabrera ha desafiado los límites de género y las adversidades del tiempo para reivindicar el papel de las mujeres en la gastronomía mexicana. Con su proyecto Tierra del Sol, Olga ha hecho de la cocina un espacio donde convergen la memoria, el respeto por el origen y la búsqueda de un futuro más justo y sostenible. Pero llegar hasta este punto no le fue fácil. Conversamos con la chef, quien nos contó su historia marcada por el esfuerzo, su legado y el deseo profundo de mantener viva la cultura gastronómica de su tierra. “La gastronomía es cultura, alegría, fiesta, alimento, enseñanza y arraigo” —¿Qué representa para usted la gastronomía? La gastronomía es parte de mi vida; aparte, es cultura, es herencia, es fiesta. La gastronomía nos alimenta, pero también, para muchas familias, al igual que para mí, es una forma de salir adelante económicamente, personalmente, laboralmente. Entonces, la gastronomía es cultura, es alegría, es fiesta, es alimento, enseñanza, arraigo. La gastronomía es lo mejor que podemos tener en la vida. —¿Cómo comenzó su historia en la cocina? Yo comencé a dedicarme a esto por necesidad. Mis dos bisabuelas eran cocineras, pero me crié más con mi bisabuela materna. Mi abuela también fue parte fundamental, se casó muy joven y acompañaba a su mamá y a su suegra a las cocinas de las rancherías; ellas eran cocineras de las rancherías. Mi abuela comenzó a hacer pan a los 15 años, y mi madre siguió el oficio de panadera. Ella no siguió el oficio de la cocina salada, más bien el de la cocina dulce, la panadería. —¿Cómo influyó esa herencia familiar en su desarrollo profesional y personal? Yo nací en este mundo de la panadería, tanto de hacer pan como de hacer mole, en la cocina de la casa y también de trabajarla y comercializarla. Mi bisabuela, mi abuela y mi mamá fueron mujeres comerciantes. Cuando fui madre adolescente, la única manera en que podía aportar económicamente a la familia era haciendo, según yo, lo único que en ese momento sabía hacer. Comencé a cocinar desde muy pequeña, a los 9 o 10 años, haciendo comida para la casa, y luego, cuando me casé, lo comencé a hacer por necesidad. Como adolescentes, teníamos muchas carencias económicas y en el pueblo se vive de otra manera. La necesidad me hizo el gusto, porque ya me gustaba cocinar, me gustaba hacer postres. Aprendí con mis tías, pero cuando tienes cuatro hijos a tus 22 años y no hay otra manera de sobrevivir, haces lo que sabes. Las enseñanzas de las mujeres de mi familia me dieron la oportunidad de dedicarme al comercio, de saber administrar el poco o mucho dinero que me caía y vender lo que preparaba. Fue la necesidad, y de ahí fue creciendo todo, hasta que mis hijos pudieron prepararse y estudiar. Y aunque yo no pude tener una carrera universitaria, tenía las enseñanzas de mis abuelas, de mi madre, de mis tías. Me apoyaba mucho con revistas de cocina; mucha de la cocina que hacía la sacaba de las revistas, de los programas de televisión, porque era lo que tenía a mi alcance. —¿Cómo evolucionó su relación con la cocina a partir de esa experiencia inicial? Después, cuando ya comienzo a tener otro concepto, otra idea de cómo cocinar sin aburrirme, de que no fuera todo el tiempo lo mismo, comienzo a buscar otras alternativas, a aprender más sobre el maíz, los frijoles, los chiles. Eso me lleva a leer, algo a lo que no estaba acostumbrada. Cuando hay necesidad de investigar, hay que hacerlo, o ir al campo. Creo que una de las formas más directas y más sinceras de conocer lo que tenemos en la cocina es pisar la tierra de donde viene lo que vas a cocinar; eso es una enseñanza mayor a lo que pueda haber en un libro, porque viene de alguien que lo ha vivido y lo ha hecho. Ese contacto con la gente del campo, con los productores, me recordó y me hizo regresar a mi niñez, con mi abuelo, con mi abuela, a sembrar la tierra, el maíz, el frijol, las calabazas y todo lo que sembraban, que también lo comercializaban, y creo que esa es la transición de mi cocina. —¿Cómo ha enfrentado los retos del cambio generacional y el reconocimiento como mujer cocinera y chef? Han sido grandes retos, sobre todo porque en la cocina se reconoce a los hombres como chefs, pero no a las mujeres, que somos las cocineras, las mayoras o las cocineras tradicionales, solo porque portamos un huipil o un traje típico. A veces hacemos mucho más cosas que los hombres en una cocina, porque el chef es el que dirige, pero hay mujeres que están en algunos de estos espacios y son las que realmente dirigen, aunque no tengan el reconocimiento. Así como pasa en este oficio de la cocina, también ocurre en otras áreas donde se reconoce al hombre, pero no a la mujer. Ha costado trabajo, pero creo que quienes estamos dispuestas a enfrentar esos retos podemos conseguir muchas cosas. El no bajar los brazos, el no bajar la cabeza, el luchar por tus sueños o por lo que deseas hacer, nos puede llevar a grandes logros. Eso me lo enseñó mi mamá, a siempre solucionar los retos y concretarlos. Para todas las mujeres hay grandes retos. —¿Se imaginó alcanzar todo lo que ha logrado? Primero, nunca me imaginé que iba a poder hacer lo que he hecho hasta ahora, nunca. Yo lo que quería era generar recursos económicos para mi familia, que no les pasara lo que a mí me pasó. Y claro que no lo esperaba. Ahora, ver que hay muchas mujeres en Oaxaca que representan