El Burrito Sotolero: la tradición que llevó al sotol de la clandestinidad a las fiestas patronales de Chihuahua

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Cada junio, en Madera, Chihuahua, los productores de sotol recorren las calles con burros cargados de barricas para celebrar una tradición que nació tras la regularización de este destilado con Denominación de Origen. La chef Daniela Álvarez P. miembro de la Delegación de Investigación de Vatel Club México, nos acerca a una de las tradiciones más emblemáticas del estado y, en el siguiente artículo, documenta el origen del Burrito Sotolero y su importancia como símbolo de la historia y la cultura de este destilado. Imagen principal de Christine Fabian en Pixabay

Por Priscy Daniela Alvarez P.

Si hay una bebida famosa y representativa del estado de Chihuahua, sin duda tenemos que hablar del sotol. Este destilado ha cobrado gran popularidad en los últimos años, no solo dentro del estado, sino también fuera de él.

El sotol es un destilado proveniente de la planta Dasylirion. Aunque guarda similitudes con los agaves utilizados para elaborar tequila y mezcal, se trata de una planta diferente, de la cual existen diversas especies según la región donde crece. Esto hace que cada sotol posea características particulares. Entre los más representativos de Chihuahua destacan el sotol del desierto (Dasylirion wheeleri) y el sotol de la Sierra Madre Occidental (Dasylirion sereke). Cabe mencionar que es una bebida con Denominación de Origen Protegida, compartida con los estados de Durango y Coahuila. Su graduación alcohólica para venta al público oscila entre los 38° y los 45°.

En los últimos años ha surgido un mayor interés por conocer esta bebida tradicional, ya sea para degustarla sola o en coctelería. También han aparecido nuevos productores, tanto del desierto como de la sierra. Sin embargo, no podemos dejar de lado a los maestros sotoleros que han preservado este oficio durante generaciones. Uno de ellos es don Bienvenido Fernández, propietario de Casa Sotol Fernández, ubicada en el municipio de Madera, Chihuahua, la llamada “Esmeralda de la Sierra”.

Don Bienvenido narra que, entre sus recuerdos más antiguos, el sotol siempre estuvo presente. Su abuelo y su padre se dedicaban a este oficio, y recuerda cómo el producto se vendía en la clandestinidad de aquella época. Conforme fue creciendo, él y sus hermanos aprendieron también a elaborar esta bebida, pues, como él mismo cuenta, la ganadería nunca formó parte de las actividades principales de su familia; el sotol era su forma de vida.

Así transcurrieron los años. Don Bienvenido sostuvo a su familia gracias a este destilado y, con el tiempo, transmitió también el conocimiento a sus hijos.

Después de muchos años de trabajar sin poder comercializar libremente su producto, decidió unirse a otros productores para gestionar los permisos necesarios. En 1998 comenzó un proceso de regularización administrativa y comercial en Chihuahua, antecedente de la obtención de la Denominación de Origen en 2002. Afortunadamente, esta iniciativa llegó a las instancias correctas y, finalmente, pudieron producir y comercializar el sotol de manera formal.

Este hecho marcó un parteaguas, no solo para Chihuahua, sino también para Durango y Coahuila. Después de décadas de trabajo en la clandestinidad, los productores pudieron trasladar y vender con orgullo un destilado con profundas raíces familiares, culturales e históricas. Se sabe que, desde tiempos ancestrales, los pueblos originarios del norte ya elaboraban y consumían sotol como parte de su vida cotidiana y de sus prácticas rituales.

Don Bienvenido recuerda que, para celebrar aquel logro, en el año de 1999 decidió cargar a sus burros con barricas llenas de sotol y recorrer las calles de Madera repartiendo la bebida entre la gente. Era su manera de agradecer a quienes durante tantos años lo habían consumido en la clandestinidad, pero también la oportunidad para que quienes aún no lo conocían pudieran probarlo y enamorarse de él.

¿Y por qué un burro? Porque esa era, y en muchos casos sigue siendo, la forma tradicional de trabajar en la sierra. En ellos se transportan las piñas de sotol desde los lugares de recolección hasta las vinatas, que son los espacios donde se cuecen las piñas y se realiza todo el proceso para obtener este destilado. Así, los burros atraviesan caminos por donde muchas veces ningún vehículo puede entrar. Estos animales han acompañado durante décadas el trabajo de los sotoleros y, para esta celebración, no podía ser diferente.

Así nació el Burrito Sotolero, una tradición que hoy forma parte de las fiestas patronales de Madera, Chihuahua. Cada junio, días antes de la celebración de San Pedro y San Pablo, se celebra una misa de acción de gracias. Al finalizar, el sacerdote bendice a los burros, las barricas de sotol, a los productores y a sus familias.

Después comienza la celebración. La gente acompaña, caminando y en caravana, a los burritos mientras se reparte sotol preparado con refresco de toronja. Entre música norteña, risas y buenos ánimos, el recorrido concluye en la explanada de la feria, donde oficialmente se inauguran las fiestas patronales del municipio.

En la edición 2026 participaron cinco casas sotoleras: Sotol Fernández, Tres Pilares, Las Potrancas, Don Bardino y El Salero.

He sido partícipe de esta tradición durante algunos años y cada vez son más las personas que acuden, no solo de distintos municipios de Chihuahua, sino también del vecino estado de Texas y de Nuevo México, en Estados Unidos.

Por eso, cuando se habla del sotol, no se habla únicamente de una bebida alcohólica. Se habla del norte. Se habla de tradición, de familias, de trabajo, de resistencia y, sobre todo, de un orgullo que, después de muchos años, dejó de esconderse para caminar libremente por las calles de una ciudad.

Autor: Priscy Daniela Álvarez P.

Fuentes documentales y orales

Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO). Enciclovida. Sotol del desierto (Dasylirion wheeleri). 2016.

Entrevista personal con don Bienvenido Fernández, maestro sotolero y propietario de Casa Sotol Fernández, Madera, Chihuahua (junio de 2026).

Créditos fotográficos

Sarahy Llamas, Archivo del Instituto Gastronómico L’Ecole du Chef.

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