Una mirada al campamento N’dee Apache y a la cocina que resiste en el territorio
Autor: Priscy Daniela Alvarez P.
Créditos fotográficos: Gamaliel Guerrero.
Cuando se habla de Chihuahua, muchos piensan en el desierto, las barrancas, el Chepe o la carne asada. Sin embargo, el estado es mucho más: un territorio diverso, como todos los estados de la República mexicana, lleno de contrastes, donde también habita una riqueza cultural y gastronómica poco explorada.
Hace algunos años viajé, casi por accidente, al municipio de Madera, en la Sierra Madre Occidental, la “Sierra Alta”, ya que es distinta a la parte serrana donde habitan los rarámuris y donde están las Barrancas del Cobre. Ahí descubrí una realidad distinta: paisajes diversos, clima frío —este municipio se considera el más frío de México en temporada invernal— y, sobre todo, personas que cocinan “a la de rancho”, con leña y con lo que da el entorno.

En este lugar conocí a la comunidad N’dee, comúnmente llamados apaches, un pueblo originario con presencia en México y Estados Unidos. A pesar de una historia marcada por la violencia y la invisibilización, hoy siguen en la búsqueda de reconocimiento y en la recuperación de su identidad, sus prácticas y su memoria.
En el municipio de Madera, uno de los proyectos que ha tomado fuerza es el Campamento N’dee Apache. Cada agosto, en el marco del Día de los Pueblos Originarios, se convoca a la población a participar en tres días de intercambio cultural.
Aunque es una iniciativa que surge desde la comunidad, el chef Obbed Natividad y yo, desde nuestra institución, el Instituto Gastronómico L’École du Chef, hemos acompañado su desarrollo, colaborando en la organización de actividades como el concurso gastronómico, la vinculación con especialistas y la integración de estudiantes, siempre con el objetivo de fortalecer este esfuerzo comunitario.

El campamento se lleva a cabo en medio del bosque. Entre casas de campaña y fogatas, una de las actividades principales es la recolección de hongos. Guiados por quienes conocen el entorno, se recolectan especies comestibles y medicinales, siempre tomando solo lo necesario.

Con estos ingredientes se preparan los alimentos y, al día siguiente, se realiza el concurso de cocina tradicional. Participan cocineras y cocineros tradicionales que, sin nombrarse así, preservan saberes familiares. No importa el origen específico; lo que los une es el uso de ingredientes locales, técnicas y temporalidad.


El campamento también es un espacio de encuentro. Por las noches, alrededor de la fogata, se comparten historias, memorias y saberes. No solo la comunidad narra; aquí también participan historiadores, escritores y personas de diferentes lugares que han pasado parte de su vida investigando sobre la nación N’dee en México. Se refuerza una identidad que, a pesar de todo, sigue presente.
Este campamento en Chihuahua es, sin duda, una experiencia que vale la pena vivir al menos una vez. Pero también es parte de un esfuerzo más amplio: el de apoyar la cocina tradicional y a las comunidades que, desde su propia historia, trabajan por mantener viva su cultura.


