Texto: Carmen Sánchez
Irapuato, Guanajuato, se mantiene como una de las zonas clave en la producción de fresa en el país, ya que además de ser parte de su identidad, también es un gran motor económico que impulsa la actividad agrícola y la exportación a diversos países.
México ocupa el cuarto lugar mundial en producción de fresa, y dentro del país, Irapuato es uno de los principales productores, solo por debajo de Michoacán y Baja California. Una parte importante de su producción se destina al mercado internacional, especialmente a Estados Unidos.

En Irapuato, el cultivo de la fresa data de 1852, cuando Nicolás Tejeda introdujo las primeras plantas en el entonces Barrio de Santa Julia; en sus inicios, se trataba de una producción limitada, pero con el tiempo el fruto comenzó a aprovecharse en diferentes preparaciones, lo que impulsó su cultivo a mayor escala.
Actualmente, la fresa es también un elemento central en la vida social y cultural del municipio. Cada año se realiza el Festival de la Fresa, que reúne a productores, cocineros y visitantes, y donde se presentan diversas recetas y aplicaciones gastronómicas del fruto.
En campo, la producción se sostiene en prácticas agrícolas controladas. Productores locales trabajan bajo estrictas medidas sanitarias que permiten garantizar la calidad del producto, sobre todo cuando se destina a exportación. Estas condiciones incluyen el control de plagas con métodos específicos y restricciones para quienes visitan los sembradíos, con el fin de evitar cualquier tipo de contaminación.

El proceso de cultivo inicia con una flor blanca, de la que se desarrolla el fruto. En condiciones adecuadas, la fresa puede consumirse directamente después de ser cortada, además de su producción, la presencia de la fresa en Irapuato es visible en distintos aspectos de la ciudad, donde el fruto se ha convertido en un símbolo local.

Y, en cuestión de valor nutricional, hay que tener presente que la fresa es una fuente importante de vitamina C y fibra dietética.
La Cristalita de Irapuato, tradición y escala en la transformación de la fresa
En la cadena productiva de la fresa en Irapuato, la transformación de este fruto ocupa uno de los primeros lugares, y ejemplo de ello es La Cristalita, una empresa fundada en 1965, la cual se ha consolidado como un referente local en la elaboración de productos derivados, como fresas cristalizadas, mermeladas, jarabes y conservas.
Al frente del negocio está María Dolores Miranda, quien ha dado continuidad a una tradición que comenzó en la cocina familiar. El origen se remonta a cuando su madre aprovechaba el excedente de fresa de un negocio de comercialización para elaborar productos caseros.
“Y la entregaba en empacadoras, como ustedes saben aquí hay varias que se dedican a eso. Entonces, mi madre, la fresa que le sobraba la preparaba en la cocina, hacía fresa cristalizada y mermelada. Yo estudiaba, en ese entonces, en la universidad, la carrera de alimentos”, comenta María Dolores.
Añade que con el tiempo, el proyecto creció y se profesionalizó. La empresa amplió su conocimiento sobre el cultivo y las variedades de la fresa, lo que permitió mejorar sus procesos y responder a la demanda del mercado.

Imagen de Carl Stridsberg en Pixabay
“Ya con esta empresa (La Cristalita) estudiamos también sobre las plantas de fresa, variedades y cultivos, para estar al día en cuanto a la producción de productos de fresa. Y producimos los mismos productos con los que empezamos, pero ya a gran escala. Tenemos fresa cristalizada, mermelada, jarabe, fresa mermelada sin azúcar, las variedades de productos que ahora nos van pidiendo la clientela”.
Además de su producción en Guanajuato, La Cristalita cuenta con una bodega en la Ciudad de México y distribución en otras regiones del país.
María Dolores comenta que La Cristalita que la fresa cristalizada es de sus principales productos, fue pionero y es el que los representa en la ciudad, porque son los únicos que la hacen a nivel industrial. De ahí el nombre de la empresa.
Destaca que la temporada de cosecha era antiguamente de octubre a junio. Cuando empezaban las lluvias, y se terminaba la producción. Ahora la temporada es más amplia, porque hay variedades nuevas, que resisten la lluvia. Pero la calidad de la fruta es mejor en la temporada de cosecha, de octubre a junio.
Explica que la fresa cristalizada es un producto lento en producción, porque es deshidratado. Cada cuatro días se cocina, se deja reposar, para que se empaque bien la fruta con el azúcar, el jarabe, y luego se pone a secar.
Dolores Miranda señala que, además de sus clientes habituales, el negocio recibe a visitantes que llegan a la región. En los últimos años, destaca la presencia de comunidad japonesa vinculada a la industria instalada en la zona, así como de migrantes que regresan temporalmente desde Estados Unidos.
Con una base agrícola sólida y una industria de transformación que ha sabido adaptarse, Irapuato no solo produce fresa, la convierte en un producto con valor agregado que proporciona a los habitantes de esta ciudad, empleo, identidad y presencia en mercados internacionales.
